Cogió su cartera, las llaves y el móvil, eran las dos menos cuarto y salió por última vez con prisa de su piso, tenía cinco minutos andando hasta llegar a la fábrica, allí le esperaba la última tarde larga de ocho horas, abrió su taquilla por última vez, y se fue a su puesto, tenia localizadas las maderas, eran las bases que se colocaban encima de los pales, para transportar las pesadas bobinas de hilo, la tela blanca ya reposaba tranquila dentro de la taquilla, aquella fábrica tenia máquinas muy grandes, pero muy lentas para el ritmo de las demandas, o eso les hacían creer los encargados, mientras los verdaderos jefes lloran todos los días diciendo que no hay clientes, todo para justificar sus recortes, pero esa tarde se olvidó de todo, cogió un trozo de papel, localizó un bolígrafo, y el tiempo se escurrió entre bobinas enormes de tejido elástico, que luego vestirá a millones de usuarios de gimnasios estilo DYR o cualquier complejo deportivo.
Aquella tarde el vió salir el sol, su última tarde en aquella fábrica...
Aquella tarde el vió salir el sol, su última tarde en aquella fábrica...
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