El campo de dunas en que nos encontrámos era enorme y se extendía por más de cinco o seis kiómetros; vimos cómo los camellos bordearon una de las más altas y, poco a poco todos fueron desapareciendo tras ella, sin que volvieran a salir por ningún otro lado. Supusimos, pues, que habían acampado allí, en lo más intrincado de aque laberinto de arena, lejos de las rutas de las caravanas y ocultos a las miradas de cualquier esporádico caminante.............................................
Arena y viento, Alberto Vázquez-Figueroa
ACUARELA 40cmx30cm
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